¿Para qué vale una vida?

Estoy asustado. No sé adónde me llevan. Además, me duele todo el cuerpo. El viaje hasta aquí ha sido horrible e interminable, ni recuerdo cuándo empezó. Claro que tampoco estaba mejor antes. Cuando me obligaron a salir del lugar donde pasé toda mi vida, sentí una mezcla de miedo y alegría: miedo a lo desconocido, y una cierta alegría por el hecho de salir al fin de aquél lugar espantoso, donde siempre olía mal y del que no podía salir, las puertas estaban siempre cerradas, menos cuando entraba aquél hombre a reponer comida, siempre con prisa y maleducado, era mejor no acercarse a él porque te podía soltar una patada.

Por eso fue un alivio salir de allí. Pero el sitio en el que me metieron al final fue peor. Estaba en movimiento y era más pequeño pero con el mismo número de compañeros, estábamos apretadísimos, ahí podía moverme aún menos. Aunque no me dieron de comer, no sentí hambre porque tenía sed todo el tiempo, me moría de sed, el calor en aquél lugar era insoportable, entraba el sol directamente y me quemaba la piel, no podía apartarme porque no había sitio al que moverme. Al final me he acostumbrado a estar muerto de sed, a tener la boca seca y agrietada, pienso en agua todo el tiempo, ya no sé cómo sería vivir de otra manera.

Ahora nos obligan a todos a meternos en un pasillo maloliente. Nos empujan con palos, nos dan patadas, nos obligan a caminar deprisa. Pero es muy difícil, mis patas están agarrotadas, nunca en mi vida he podido correr, y después del viaje me siento muy débil y cansado, el hambre y la sed no me dan tregua, apenas puedo moverme y estos me están obligando a correr. Estamos entrando en un lugar más grande. Hay mucho ruido, más que en el lugar donde vivía antes. Ahora el olor es diferente. Huele a sangre. Huele a muerte. Escucho gritos desgarradores de otros como yo. Esto tiene muy mala pinta. No quiero meterme aquí. Pero no puedo escapar, ellos son más fuertes que yo, seguro que no están muertos de sed. Ahora estamos en un pasillo donde vamos de uno en uno. Dios mío, ¿qué han hecho con el que está delante de mi? Le han dado un golpe con un aparato en la cabeza, se ha caído al suelo y lo han colgado de un gancho, está moviendo las patas frenéticamente, oh no, ahora el tío coge un instrumento que brilla y le ha abierto toda la tripa. ¡Lo ha matado! Tengo mucho miedo. Quiero irme de aquí. Mierda, ahora el tío con el aparato viene a mi, me coge la cabeza con las manos, me….

………………………………..

- Vaya, Marta, otra vez te has comido sólo una chuleta. Comes demasiado poco. ¿Por qué?

- No sé mamá, la verdad es que no me gusta que me pongas chuletas. Papá dijo el otro día que hay que respetar a los animales.

- Claro, hija mía, pero no te confundas, hablaba de animales como nuestro perro. O los pájaros, los gatos, los animalitos del campo… Pero los animales de granja sirven para darnos comida y para eso están.

- Pues no sé, yo creo que os confundís vosotros. ¿Por qué un perro vale más que un cerdo?

- Ay hija qué cosas más raras dices. Y encima tengo que tirar la chuleta a la basura, con la cantidad de niños que hay pasando hambre…

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5 Comments

Jon  on January 9th, 2009

Genial ejercicio de empatía. Hace falta que todos nos pongamos en el lugar de “el otro”. Sean de la especie que sean. El sufrimiento, el miedo, la angustia y la muerte, no entienden de especie.

Gandalf  on January 9th, 2009

Si las personas prestaran atención a las consecuencias de sus actos…

Si reflexionaran sobre el infierno que hacen pasar a los animales, los terribles niveles de sufrimiento y desesperación que los humanos provocamos…

Si nos pararamos a pensar en lugar de dejarnos llevar por la inercia del “siempre se ha hecho así”…

… cuanto sufrimiento evitariamos.

Dhyan  on January 9th, 2009

Efectivamente, se trata de empatía. Los argumentos sirven para poco cuando los ojos y el corazón están cerrados. Se podrían dar mil argumentos a favor y en contra de casi todo, dependiendo de la capacidad intelectual o discursiva de cada uno. Para evolucionar sólo hace falta abrir los ojos y ponerte en el lugar del otro.

kresku  on January 10th, 2009

“Efectivamente, se trata de empatía. Los argumentos sirven para poco cuando los ojos y el corazón están cerrados. Se podrían dar mil argumentos a favor y en contra de casi todo, dependiendo de la capacidad intelectual o discursiva de cada uno. Para evolucionar sólo hace falta abrir los ojos y ponerte en el lugar del otro.”

Este párrafo es para enmarcarlo…

Marisa  on January 13th, 2009

Y encima del horror, de la pesadilla que es la vida de los animales de granja (y de muchos otros, desafortunadamente), y su inimaginable viaje final, me rompe el corazón más todavía, si es posible, el ver, como en el ejemplo de la chuleta que la madre tiene que tirar, la carne, el trozo de cuerpo de un pobre animal que ha sufrido desde el primer día de su vida hasta su último segundo PARA NADA – el trozo de su cuerpo por el que se lo ha pasado TAN MAL – acaba en la basura.

Por supuesto, no quiero decir en absoluto que el comerlo justifique nada… es un crimen legal y eso no lo puede negar nadie, pero tirarlo a la basura lo hace mucho más triste…

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