Animales como tú

A lo largo de mi vida, son muchas las imágenes horribles que he visto, pero creo que ninguna me conmovió tanto a nivel interno como las que quiero compartir hoy contigo. Son imágenes que, pese a no contener nada que pueda herir la sensibilidad de nadie, no se borran de mi mente y son precisamente las que me dan fuerza para seguir, día a día, en esta lucha cuyo final no alcanzaré a ver.

La primera granja de animales en la que entré no era de las peores (eso lo supe luego), aunque en ese momento, me pareció el mismo infierno. La puerta se abrió  arrojando un poco de luz al interior de una nave polvorienta que olía a miedo. Da igual qué tipo de animales encontré dentro: eran animales, animales como tú y como yo. Con una sola mirada, provoqué tal terror en ellos que comenzaron a gritar mientras corrían hacia el fondo de sus cubículos. Se apretaban unos contra otros, ocultando la cabeza entre los cuerpos de sus compañeros. No creo que les asustara particularmente yo: apenas mido un metro y medio. Les aterrorizó que un humano posara su vista en ellos, como si esa mirada fuera el preludio de su propia muerte.

Tiempo después, visité otra explotación. En esta ocasión entré sola y estuve mucho tiempo recorriendo los interminables pasillos. Miraba a un lado y al otro y sólo veía animales, animales como tú y como yo, apilados en jaulas una sobre otra, hasta alcanzar un techo que se perdía en las sombras. La oscuridad era casi total, solo rota por la luz de unas cuantas bombillas llenas de telarañas. El calor era insoportable. El silencio era absoluto, casi denso, de forma que sólo escuchaba el eco de mis botas resonando en el suelo mientras caminaba. La oscuridad, el calor, el silencio, el sonido de mis pasos…convirtieron poco a poco las jaulas en celdas. Celdas llenas de prisioneros delgados, enfermos, asustados.

Quiero que cierres un momento los ojos. Quiero que imagines que compartes un metro cuadrado de espacio con dos o tres animales más, animales como tú y como yo. Quiero que imagines que tienes agua y comida solo cuando unas caprichosas máquinas cuyo funcionamiento no comprendes te la dispensan, que uno de tus compañeros de encierro ha muerto y su cuerpo inerte te impide alcanzar los barrotes para respirar aire un poco más fresco. Quiero que imagines el miedo que sientes al saber que tú serás el siguiente.

Ahora puedo decirte qué somos nosotros para los animales sin que pienses que exagero. Somos sus carceleros, sus verdugos, sus exterminadores.

Puede que pienses que nada de lo que hagas conseguirá que las cosas sean de otra forma, a penas una gota en un océano de injusticia. ¡Nada más lejos de la realidad! Junto a esos recuerdos que acabo de compartir contigo, atesoro otros: el recuerdo de las vidas que ayudé a salvar, vidas que hoy son de otra forma gracias a animales como tú y como yo. Y con esa idea, miro a mi alrededor y pongo nombre a cada una de las personas que se han ido uniendo a esta lucha. Muchas personas que salvarán muchas vidas de animales como tú y como yo, incluso cuando yo ya no esté aquí. Y tras ellos, vendrán otros. Y sonrío porque sé que muchas gotas juntas pueden formar una gran ola imparable.

Rescate abierto from Equanimal on Vimeo.

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4 Comments

Jorge  on August 14th, 2009

Los humanos como especie, somos lo peor y lo mejor que le paso a los animales.

Kresku  on August 28th, 2009

Parece que nadie comenta tu texto Silvia… Ya no se les ocurren más excusas.

Peke  on October 14th, 2009

La gente se niega a ver la realidad, supongo que es más fácil cerrar los ojos y continuar con nuestras vidas y no añadir más preocupaciones de las cotidianas, si la gente viera la cruda realidad ante sus narices no tendría más remedio que cambiar su alimentación radicalmente, pero el problema es que solo lo vemos los que estamos concienciados ya, los demás no quieren saberlo, porque intuyen que no les va a agradar.

Patty  on November 6th, 2009

Yo también he visto de cerca esas granjas, desde las enormes factorías hasta las caseras.
Crecí en una granja de aves, todos los días, desde las 4:30 AM, comenzaba la matanza masiva, mas de 100 pollos eran ahorcados para después ser sumergidos en agua hirviendo, posteriormente eran desplumados y destripados para venderlos en el mercado municipal, eso nos daba de comer, tener una situación económica cómoda y nos permitía tener lujos (que ahora considero innecesarios), era el negocio familiar.
Entre mis recuerdos están la llegada del camión de carga, de donde bajaban decenas de taras llenas hasta el tope de pollos, entre tantos, siempre había uno enfermo o pequeño al cual yo separaba y cuidaba hasta que estaba listo para se comida, mis padres nunca permitieron que mis hermanas y yo presenciáramos esas matanzas, pero me escabullía y observe algunas veces lo que sucedía, me dolía verlos sufrir, pero no comprendía esa situación, me engañaba pensando en que “son solo para comer”, en algún tiempo mi familia crío cerdos, y también pude observar como eran asesinados, con tan corta edad de 4 años fui testigo de como mis primos (adolescentes) maltrataban gatos y perros, y fui creciendo, nunca nadie me dijo que estaba mal lo que hacían. Seguí creciendo, mi nivel de consciencia aumentaba y entonces comprendí que el respeto debe ser hacia todo ser vivo, desde los mas pequeños insectos, hasta un elefante. Tuve la fortuna de que en mi camino me tope con gente inteligente y buena, que me ha enseñado a canalizar ese amor al prójimo.
En la actualidad ya no tengo un cerebro de 4 años, tengo 24, y desde hace 6 he estado documentándome, investigando, colaborando con asociaciones locales y rescatando perros callejeros dándoles un hogar, llevando de comer a otros tantos que no puedo acoger, desparasitándolos, curándoles las heridas, poniéndoles suéteres para que no la pasen mal en invierno, he pasado horas bajo la lluvia, el frío, el calor de hasta 40º rescatando a los necesitados.
He debatido estos temas, y he trabajado de cuanta cosa se me ha echo posible para juntar dinero, no estoy sola con mi lucha, mis hermanos me ayudan, no me desanimo, porque se que hay millones de personas que comparten esta lucha, y se que en un pedacito del mundo se puede respirar la paz.
Por cierto, hace mas de 10 años que la granja familiar cerro, y desde entonces si vivimos mejor.

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