El caracol
La lluvia caÃa con fuerza. De las hojas de los árboles y arbustos resbalaban gruesas gotas que empapaban el ya empapado suelo. El estruendo del agua y el viento copaban el espacio sonoro y ahogaban todos los demás sonidos. Las farolas iluminaban los charcos que se iban formando por todas partes.
Por entre los resquicios de los baldosines de la acera se desliza un gran caracol. Con sus cuernos bien extendidos y el cuerpo presto a desplazarse de un lado a otro de la acera y tomar el tiempo que sea necesario para ello. En este momento, el cuerpo del caracol se encuentra entre una zona de luz de una farola y otra de negra penumbra.
Posibilidad A
X avanza raudo entre la lluvia, quiere llegar a casa pronto porque no está protegido para la lluvia, se está calando cada vez más y además tiene mucho frÃo. En su mente se dibuja una cena caliente que le espera sobre la mesa toda insinuante. De pronto, detiene su pierna cuando estaba a punto de alcanzar el suelo. Sobre éste hay un gran caracol, al que ha estado a punto de pisar. La calle está desierta. Se agacha y lo contempla un instante. Durante dos o tres segundos congelados en el tiempo dos seres se miran uno a otro. Poco después, X sigue su camino con una sonrisa en la boca y pensando esta vez en un documental sobre animales que vio el otro dÃa.
Posibilidad BÂ
X avanza por la acera con la mente muy ocupada. Le habÃa enfadado lo que le ha ocurrido en el trabajo. Su compañero no tenÃa derecho a ridiculizarlo delante de los demás de esa forma. Para colmo se está calando hasta los huesos y cada vez tiene más frÃo. En casa no hay gran cosa para cenar, con el hambre que tiene. Es uno de estos dÃas en los que más le valdrÃa haberse quedado en la cama. De vez en cuando ve caracoles por el suelo. De pronto, uno de ellos surge entre la penumbra justo bajo su pie. En una fracción de segundo puede decidir apartar su pisada unos centÃmetros para no pisarlo. Pero no le apetece. El sonido caracterÃstico de la concha rota interrumpe por un momento la monotonÃa del repicar de la lluvia. X prosigue su camino con una cierta sensación de malestar. Al fin y al cabo él  también tiene muchos problemas.
Posibilidad C
X avanza por la acera en estado absorto. Lo que acaba de leer era sumamente desconcertante, y su cabeza no para de darle vueltas a la idea. La verdad es que es algo que no habÃa pensado nunca. En todo caso, le va a dar mucho juego el sábado cuando se reúna con los amigos. Empieza a pensar en cómo va a presentar la idea para impresionar a los demás, cuando un desagradable ruido le saca de sus pensamientos. De pronto, la realidad se impone: está lloviendo, y la calle poco transitada está llena de caracoles. No se ha dado cuenta y acaba de pisar uno. Él que siempre procura evitarlos, le encanta mirarlos y a veces incluso los aparta para ponerlos en un lugar más seguro. Pero a este ya no puede salvarlo. Resignado, prosigue su camino, pronto vuelve a la idea de la próxima reunión con sus amigos.
Conclusión
En los tres casos, X llegará a casa, se sacudirá sus ropas mojadas y cenará pensando en diferentes cosas. Al dÃa siguiente su vida continuará.
En los tres casos, el mundo continuará su sucesión de ciclos de lluvia y sequÃa, frÃo y calor, dÃa y noche, individuos que nacen y mueren.
Pero sólo en el primer caso, un caracol grande, curioso y valiente conseguirá en algún momento terminar de cruzar la acera y escurrirse entre los arbustos donde le esperan unas tiernas y sabrosas hojas de trébol.
Si encuentras este contenido útil, puedes enlazarlo en tu web, blog o perfil social. Es muy sencillo, copia y pega el código que tienes debajo (Ctrl+C para copiar). Y obtendrás un enlace como este: El caracol
8 Comments
Dhyan on June 17th, 2010
Gracias, Ape.
paporrubio on June 17th, 2010
Sugerente entrada, se me ocurre que a veces las personas desgraciadas o amargadas no saben ver el interés o la belleza de las cosas, (o de los animales humanos o no) y descargan sus frustraciones en actos violentos contra todo lo que es o está indefenso.
Posiblemente el aplastar un caracol sea un acto mecánico para mucha gente, los caracoles son considerados una “plaga”, como si los humanos no lo fueramos también.
Gracias Dhyan, te echamos de menos cuando no hay post.
Dhyan on June 18th, 2010
Gracias, paporrubio. La palabra plaga, como la palabra terrorista, son conceptos que sirven para quitarnos de en medio lo que nos interesa. El ser humano deberÃa desterrar ciertas palabras para avanzar en su evolución hacia el sentimiento empático.
Un saludo.
RespuestasVeganas.Org on June 19th, 2010
Nunca se me olvidará una vez hace muchos años que fui a Asturias y và como un niño de unos 10 años dió un pisón a un caracol delante de mis narices, en su cara sólo và frialdad, seguro que no era la primera vez que lo hacÃa. Fue algo feo que no logro olvidar, de estas cosas que se te quedan grabadas.
armsandcookies on June 23rd, 2010
Me siento identificado porque donde vivo a la que caen tres gotas se llena de caracoles y me gusta observarlos con la calma…
Por otro lado, es perfectamente extrapolable a tantÃsimas situaciones… solo con cambiar a los protagonistas -o almenos a uno de ellos- ya que casi siempre, al dÃa siguiente la vida de X continuará….. y en eso estamos.
Muchas gracias por el post, me ha gustado mucho.
Dhyan on June 23rd, 2010
De nada, armsandcookies. Tienes toda la razón en que esto es extrapolable a muchÃsimas otras situaciones en las que el ser humano tiene el poder de acabar con la vida de otro animal, o no hacerlo. Y esa era también mi inteción al escribir este texto. Es una prueba decisiva de la grandeza o bajeza moral de alguien.
Un saludo.
Eneko Pérez on June 29th, 2010
Muy bonito Rafa
Deja un comentario
Puedes rellenar tus datos en el formulario de la izquierda o sino loguearte con tu cuenta de Facebook.





Ape on June 17th, 2010
A mi novia le encantan los caracoles. Caracoles vivos, nunca cocidos sobre el plato. A mà también me encantan vivos.
Ella siente fascinación por su original estructura fÃsica, por su redonda concha, que como ella dice de modo gracioso a la vez que curioso, vió en unos dibujos de Disney cómo explicaban que era de una redondez perfecta, como si del sÃmbolo de la perfección hablaran (me imagino que en cuanto a belleza).
Hace poco, yendo ella hacia su casa pasó por una calle llena de caracoles que salÃan de un jardincillo cruzando peligrosamente la acera. Muchos ya estaban pisados, pero me llamó al móvil y me contó cómo estaba salvando a muchos de morir aplastados esa noche, y que eran preciosos.
Ella es preciosa, por dentro y por fuera. Es por eso que le merece respeto cualquier animal, ya sea pequeño o grande. Ella ya sabe lo que supone el especismo y sabe lo que es una vida, el valor de ella, porque por muy frágil que sea una coraza, dentro hay unos sentimientos que nos igualan a todos.
A ella por ello y mucho más la quiero.
Me ha encantado tu post, Dhyan, como siempre.