¿El mundo al revés?

La frase que más se está escuchando estos días: el mundo está al revés. Con doce personas acusadas de un montón de delitos terribles a la espera de jucio, 9 de ellas en libertad con cargos y 3 metidos en la cárcel, personas dedicadas a tratar de salvar como sea a las millones de víctimas de la peor barbarie cometida en este planeta, la que comete el animal humano contra los demás animales, es normal que el sentimiento mayoritario sea que el mundo está al revés. Sin embargo, el mundo no está al revés. Está como siempre ha estado.

En este planeta en el que me he criado, se me enseño desde niño que los “buenos” siempre ganan a los “malos”, y que éstos últimos acaban entre rejas para arrepentirse debidamente de sus fechorías. Aprendí que los policías son nuestros amigos, y están para protegernos de los ladrones y asesinos y toda clase de maleantes que, con malvadas intenciones y peores artes, pretenden destruir el hermoso equilibrio alcanzado por la gente honrada.

Pero no existe un mundo de buenos y malos. Existe un mundo de estructuras antiguas y estructuras nuevas que tratan de imponerse a las antiguas. Un mundo donde unos cuantos tratan de mantener el poder, el control y el acceso a las cosas buenas de este planeta a costa del resto, que debe hacer dos cosas: una, trabajar mucho para fabricar el placer del primer grupo, y la otra, estarse calladito y no dar problemas. La policía y los ejércitos no están para proteger a nadie, son sólo el medio que tiene el grupo prinvilegiado para mantener el estado de las cosas y que nadie se mueva ni un milímetro de su sitio.

Vivimos en un mundo injusto y caótico. Un mundo donde para vivir unos deben morir otros (léase animales carnívoros vs. herbívoros), y donde para la mayoría de los individuos la vida es una lucha bastante complicada por la supervivencia. Y en el mundo humano las cosas no son mejores. La justicia es una ilusión, y de existir se aplica únicamente a los poderosos. Las empresas peleteras son responsables de que existan poblaciones enteras y asentadas del llamado visón americano en Europa. Son responsables por traerlos, esclavizarlos y someterlos a una vida miserable y una muerte cruel, y son responsables de que se les fuguen muchos de ellos por negligencia o simplemente porque la empresa cierra y se largan dejando a los animales a su suerte encerrados en las jaulas.

Pero hay muchos más ejemplos de “ecoterrorismo”. Empresas que vierten todo tipo de sustancias contaminantes que envenenan nuestro medio ambiente. Empresas que, para obtener aceite de palma, acaban con bosques tropicales y asesinan a los primates y demás animales que habitan esos bosques. Empresas o mafias que trafican con los colmillos de los elefantes o los rinocerontes, matando y mutilando animales sin preocuparse un ápice por su suerte. Mafias que trafican con los llamados animales exóticos, sacándolos de su hábitat, secuestrándolos para lucrarse con su venta.

Y qué decir de la ganadería industrial, tal vez el peor de los ecoterrorismos. Esclavizan y asesinan a millones de individuos, y además contaminan y envenenan la tierra y las aguas, deforestan y desertizan el planeta. O la pesca, que está dejando los océanos convertidos en enormes cementerios submarinos.

Pero no todo el ecoterrorismo lo practican empresas o corporaciones. También hay personas o grupos de personas que, para divertirse, torturan animales. Como el muy tristemente célebre caso del perro Schnauzi, que fue torturado durante 11 horas. Como aquella vaquilla que fue muerta molida a golpes en las fiestas de un pueblo en Extremadura, dejando el juez posteriormente a los autores en libertad pues no hubo, a su parecer, ensañamiento. Como hace unos pocos días, en los que alguien prendió fuego a la protectora de animales de El Ferrol, dejando un fúnebre rastro de muertos y heridos por calcinación. O todos esos casos que oímos de gente que quema, amputa miembros, atropella o arrastra por el suelo animales por diversión. En nuestro país las protectoras están llenas de víctimas que han sobrevivido a esos horrores.

Si el ecoterrorismo realmente fuera un delito, las cárceles estarían llenas de desaprensivos. Pero el ecoterrorismo no es más que otro de esos inventos de los poderosos para proteger sus intereses. Por eso, ganaderos, peleteros, gerentes de empresas que contaminan, personas que torturan perros o gatos, cazadores o pescadores están libres. Toda esa legión de ecoterroristas sigue campando a sus anchas haciendo gala de su crueldad y su estulticia. Y quien sí está en la cárcel es quien defiende a las víctimas de todos esos ecoterrorismos ignorados.

El mundo no está al revés porque el mundo no es justo. Sin embargo, en medio de la mierda, existen personas buenas. Quienes no se preocupan por sí mismos sino por los demás. Quienes lo dan todo por ayudar a los que sufren. Personas que dedican sus vidas a luchar contra el mal, arriesgando su comodidad y hasta su integridad física para ayudar a otros. Esas personas son las que hoy están en la cárcel.

El mundo no está al revés, pero seguiremos luchando porque, quizás algún día, lo que está ocurriendo hoy sea propio de un mundo al revés. Mientras tanto, Eneko, Olaia, Eladio: mi corazón, y el de mucha más gente, está con vosotros.

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2 Comments

Paporrubio  on July 7th, 2011

Suscribo punto por punto esta entrada, Dhyan.

Seguramente pasará el tiempo y si el planeta sobrevive a la barbarie humana, quizá las personas del futuro que miren atrás en la historia se asombren de lo que ahora está pasando, y quizá Eneko, Olaia y Eladio junto a los 9 activistas más, sean considerados la avanzadilla, los visionarios de lo que se avecina, un movimiento social imparable basado en el progreso moral y en la ética aplicada a todas las actividades humanas.
Estan siendo perseguidos a causa de La Justicia, porque defienden la causa mas noble por la que se puede luchar, la defensa de los indefensos. Están en la cárcel como antes estuvieron otros adelantados en la defensa de los derechos sociales.
Será un privilegio estar en la cárcel con ellos.

Dhyan  on July 8th, 2011

Gracias Paporrubio. En este mundo adelantarte a tu tiempo puede suponer acabar en la cárcel. Y quizá cuando lleves cien años muerto/a, pondrán tu nombre a una calle o a un colegio. Y a pesar de que esto lleva ocurriendo desde siempre, siguen sin darse cuenta de que los que consideran alboratadores son los que están cambiando el mundo a mejor. ¿Se darán cuenta alguna vez? Lo dudo…

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