Hace muchos años, en un lugar de La Mancha…
- No tienen alma, está claro. Van vestidos con taparrabos, dicen que se pasan el dÃa fornicando y cometiendo todo tipo de actos impuros. Hablan un extraño lenguaje. Creen en Ãdolos religiosos falsos y grotescos. No saben leer ni escribir. Son como animales, o peor que eso.
El hermano Julián defendÃa su tesis con apasionamiento, los demás hermanos a su alrededor le miraban con expresión a ratos de sorpresa, a ratos sombrÃa.
- Tienen la piel oscura y los cabellos negros. He oÃdo decir que se pintan la piel con extraños tintes de colores, cobrando una apariencia si cabe más salvaje aún. Los niños corren por ahà medio desnudos como sus padres, las madres amamantan a cualquier niño, probablemente no distinguirán cuál es suyo o cual no porque en realidad no hay familias. Como en una orgÃa infernal practican la coyunda entre ellos indistintamente. Viven en eterno pecado.
- Afortunadamente la voz del Señor llegará a esos lugares y es posible que podamos aún salvarlos del infierno seguro que les espera. Aunque, ¿cómo se puede salvar a alguien si no sabemos si tiene alma?
- Yo creo que tienen alma, pero como la de los animales, un alma colectiva. Por ejemplo, los chimpancés tienen el alma chimpancé. Estos salvajes más parecen monos que hombres.
Los contertulios mezclaban la escasa información de que disponÃan con todo el fuego que la mecha de su imaginación podÃa darles. Que era mucha. AsÃ, la lÃnea entre la realidad y la ficción habÃa dejado de existir hacÃa tiempo, mientras cada cual afirmaba cosas a cual más estrambótica, eso sÃ, con una seguridad pasmosa como si estuviera enunciando una gran verdad filosófica. Y mientras el debate iba desvariando para meterse por vericuetos que no se sabÃa bien como acabarÃan, un hermano que habÃa permanecido hasta entonces en silencio alzó la voz.
- ¿No creéis que son seres humanos igual que nosotros, simplemente con una lengua, cultura y costumbres diferentes? ¿Por qué motivo iban a carecer de alma? ¿Por qué iban a ser inferiores? ¿No creéis que nosotros a ellos les pareceremos tan extraños como ellos a nosotros?
- El hermano Eloy, siempre el gran defensor de las causas perdidas. Esos salvajes no han sido bautizados, no conocen el Evangelio, no conocen la Verdad del Señor. Viven como animales medio desnudos. ¿Cómo puedes pensar que son iguales que nosotros?
- Porque tal vez, hermano Julián, ellos conozcan “su” evangelio, ellos tengan “su” dios. Y sobre todo, hermano Julián, porque pueden perfectamente ser buenas personas, honrados, trabajadores, leales a sus amigos, a sus seres queridos y a sus principios. Simplemente tienen otros códigos que nos resultan extraños.
- Que el Señor te perdone, hermano Eloy, por tu atrevimiento. Afortunadamente ya existen cada vez más misiones cristianas que viajan a las Indias para evangelizar a los salvajes, en la medida en que ellos lo permitan. El hermano Abad contó el otro dÃa cómo unos indios salvajes se resistieron a la palabra de Dios y no aceptaron a los misioneros, las tropas de la Corona tuvieron que intervenir.
El hermano Eloy estaba harto de escuchar esas cosas. Últimamente, en las tertulias de media tarde a los hermanos les habÃa dado por hablar de lo que ocurrÃa en el Nuevo Continente. Se sentÃa extraño por ser el único que los veÃa como personas igual que él, y además era algo de lo que estaba seguro. La Tierra es un planeta grande, fértil y generoso, y el Señor ha puesto sobre él a grupos muy distintos de seres humanos, varÃan las formas, pero el fondo es el mismo. No podÃa concebir que aquellos hombres y mujeres fueran inferiores por el hecho de tener otra forma de vida. ¿Acaso no era arrogancia por nuestra parte pensar que nosotros somos superiores?
Como una música de fondo incesante, el hermano Julián continuaba su encendido discurso: “No, algunos se resisten a recibir la Verdad de Jesús. Afortunadamente no son muchos casos. Aunque yo creo que muchos se convierten al Cristianismo por conveniencia. Dentro de su escasa capacidad de discernimiento podrán reconocer una cultura superior, una Fe basada en la verdad, la palabra del Señor es única y poderosa y hasta el ser más primitivo no podrÃa sustraerse a su poderosa llamada”.
- Son salvajes pero no tan tontos. Asà se les da de comer, se les educa, se les enseña a leer y escribir y se les introduce en la Verdad de las Sagradas Escrituras. Nos están agradecidos porque les hemos salvados de la oscuridad en la que estaban sumidos, y en alguna parte de su escaso entendimiento nos darán las gracias.
El hermano Eloy no pudo aguantar más. El Abad no estaba aquella tarde, habÃa partido de viaje a una importante congregación. El suave olor de la lavanda que anunciaba el verano le hacÃa sentirse en paz consigo mismo, no le importaba ser el único que viera las cosas de otro modo, sentÃa su conciencia vacÃa y limpia. Y aquella tarde le apetecÃa expresar lo que sentÃa.
- ¿Quién está sumido en la oscuridad? ¿Acaso no creéis que puedan ser felices y estar en paz con sus conciencias? En realidad creo que el Señor ha tenido a bien el poner a prueba nuestra arrogancia. Nos ha presentado a otros seres humanos que nos resultan totalmente diferentes. Y nos ha dado la oportunidad de utilizar el discernimiento. Para ver si somos capaces de reconocer en ellos a nuestros hermanos, o si por el contrario nos vence nuestra sempiterna vanidad y nos creemos superiores y nos encargamos de someterles e imponerle nuestra verdad por la fuerza. Y me temo que le hemos fallado. Quizás dentro de quinientos años se nos verá a nosotros como salvajes por no haber sabido reconocer a nuestros hermanos, por no haber sabido reconocer el fondo y habernos confundidos con la forma, y se nos juzgará por no haber pasado esta prueba.
- Dentro de quinientos años esperemos que en el mundo no queden salvajes y que todos acepten como cierta la palabra del Señor. Y que impere la razón y la cordura, hermano Eloy. Con el mundo lleno de locos como tú, la Historia nunca progresarÃa.
El hermano Eloy murmuró para sus adentros: “O tal vez sea al contrario… “
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4 Comments
Eneko Pérez on December 23rd, 2008
Un relato que no suena lejano …
Dhyan on December 23rd, 2008
Efectivamente, al contrario que el reino de Schreck, este relato creo que es muy, muy cercano. Está inspirado en el comentario 28 de Koke en el post “Cazar no es matar”: igual de absurdo que nos parece hoy en dÃa este debate del s. XVI sobre la ética y los indÃgenas americanos, les parecerán a generaciones futuras nuestras absurdos debates sobre por qué los animales deben ser respetados. La argumentación y la lógica no sirven para quien no quiere ver, los condicionamientos culturales pesan demasiado. Llegará un dÃa en que no haga falta explicar que si alguien puede sufrir no hay que hacerle daño, porque las niñas y niños de esas generaciones crecerán asumiendo esta verdad. La Historia avanza despacio, por desgracia para quien está del lado de los perdedores. Por eso ayuda de vez en cuando echar la vista atrás.
Marisa on December 23rd, 2008
De acuerdo con todos. Y de acuerdo en que la argumentación y la lógica no sirven para los que no quieren ver, pero desafortunadamente también hay muchas personas que sà que lo ven, pero no quieren cambiar… es demasiado esfuerzo y demasiado inconveniente, y significa ‘privarse’ de cosas que no necesitan en absoluto pero que les gustan. Por eso comentaba en otro post que sólo dos cosas pueden hacer que no haya injusticia: la ética por parte de algunos, y la ilegalidad por parte de otros (quiero decir, que para muchos, da lo mismo lo injusto que sea algo… mientras sea conveniente para ellos y no se haya prohibido por ley, seguirán haciéndolo).
El dÃa llegará, aunque esté muy lejano, en que la mayorÃa despierte de una vez y se dejen de cometer las atrocidades que se cometen cada segundo contra nuestros compañeros de planeta, y vean el siglo XX y XXI como vemos ahora los tiempos del ejemplo de los Hermanos Julián y Eloy.
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jon on December 23rd, 2008
Buena historia. Está claro que se puede aplicar a situación de los animales hoy dÃa.
Los locos de ayer son los cuerdos de hoy.
Y probablemente, los locos que defendemos hoy a los animales, seremos los cuerdos de mañana.