Impotencia
Fue un sábado por la mañana en Madrid. Mi pareja y yo entramos en un bar a tomar un café, realmente más por hacer tiempo que por otra cosa – la persona a quien Ãbamos a ver estaba aún dormida. Al entrar al bar, el tÃpico escenario de barra de madera, sonido quedo de una televisión dando las noticias, ruido de entrechocar platos y vasos en la cocina, unos pocos clientes hablando en voz baja. Y de pronto aparece la camarera con un plato en la mano. Al ver lo que habÃa en el plato, me quedé pálido y mudo.
En el plato habÃa una langosta. TodavÃa se movÃa. Llevaba sus pinzas atadas con unas gomas amarillas. La camarera puso el plato bajo las vitrinas de las raciones de comida en la barra del bar. Mientras mi pareja pedÃa los cafés, yo no podÃa dejar de mirar a aquel hermoso ser que estaba muriendo poco a poco.
Mientras tomaba el café, mi cabeza era un hervidero de ideas. Decidà de pronto comprarla para liberarla, pero mi pareja me convenció de que no era buena idea. ¿A dónde Ãbamos con una langosta en Madrid? Si hubiéramos estado en un sitio de playa podÃamos haberla soltado en el mar. ¿Y si la llevaba a una bañera? No, tampoco sobrevivirÃa allÃ. En realidad no llegarÃa ni hasta la bañera, ese animal estaba ya agonizando al no poder respirar fuera del agua. ¿Cuánto tiempo puede respirar una langosta fuera del agua? En ese momento me maldije a mi mismo por saber tan poco sobre biologÃa de otras especies. Finalmente tuve que admitir mi impotencia. Aquel café con lágrimas fue uno de los más amargos que he tomado.
Y un pensamiento por encima de todos. La mayor parte de los humanos no tienen ni la más mÃnima idea del daño que le hacen a los demás animales. No tienen ni idea de la destrucción que causan. Para la camarera, al igual que para casi cualquier otra persona que entrase al bar, aquello era solo un plato de comida. Nadie ve sobre ese plato un individuo impotente, luchando por su vida, conocedor de que está muriendo poco a poco, maniatado y sometido por razones que no comprende, sintiendo cómo la vida se le escapa.
La gente dice que por qué no nos ocupamos de los niños (y yo me pregunto si aquella langosta serÃa un niño o un adulto). La gente dice que necesitamos proteÃnas (y yo me pregunto cuántas proteÃnas habÃa en ese pobre ser, y quién se cree con derecho a quitárselas). La gente dice que ser vegetariano está bien, pero que se respete que ellos comen carne (y mientras mastican los cadáveres de aquellos que nadie respetó). La gente dice que “qué vamos a hacer con todas esas vacas si de pronto todos nos hacemos vegetarianos” (como si “todas esas vacas” estuvieran ahà por sà mismas -no porque las hemos criado nosotros-) y claro, hay que comérselas, no sea que invadan la tierra cual malvados alienÃgenas de pelÃcula de serie B.
La gente sigue inventando excusas para seguir haciendo lo que hace, y eso, claro está, cuando se molesta en pensar en los demás animales. Normalmente están demasiado ocupados pensando cómo pagar la hipoteca, en qué colegio van a meter a los niños, cuánto les costará la reparación de las cañerÃas, y qué mal partido hizo el Madrid el domingo. Y mientras la maquinaria sigue rodando, y en los bares, los restaurantes, los hoteles y los supermercados de todo el mundo se siguen ofreciendo restos de seres que estuvieron vivos, que fueron sometidos, que lucharon inútilmente por sus vidas y que finalmente fueron asesinados mecánicamente uno tras otro. Ah y se me olvidaba, la gente dice que exagero cuando hablo en estos términos, por ejemplo al emplear la palabra “asesinar” para referirme a alguien que no es humano. No se les permite ni el reconocimiento público de sus injustas muertes.
Al salir del bar, un último vistazo a la barra donde estaba aquel plato. La langosta ya no se movÃa. Fuera, el aire fresco de la mañana, un señor paseando a su perro, y la vida sigue. Pero sin ella.
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14 Comments
Dhyan on September 17th, 2009
¿Y cómo liberabas a esos ratones? ¿Te metÃas con un pasamontañas en los laboratorios?
SÃ, afortunadamente ya existen alimentos vegetales con el sabor y la textura de la langosta y de otros animales, para quienes gusten de esos sabores y deseen mantener una ética no violenta. Desgraciadamente es aún muy poco conocido, pero estamos en ello. En la tienda Vegania en Madrid (c/ San Vicente Ferrer, metro Tribunal) se pueden adquirir. Gracias por contribuir a su divulgación.
Encarna Llor â“‹ on September 17th, 2009
Mis felicitaciones de nuevo Rafa. Con un texto cómo este nos sentimos identificados muchos veganos que soportamos dÃa a dÃa ver cuerpos asesinados delante de nuestras narices sin que nadie se asombre lo más mÃnimo, incluso soportamos que se los coman. Está claro que respeto a quien aún no ha sido capaz de ver que todos somos iguales pero mi sentimiento cuando alguien cercano, incluso muy cercano, come los restos de un asesinato, no deja de ser de disgusto y por supuesto, impotencia.
Dhyan on September 17th, 2009
Gracias Encarna. La palabra impotencia creo que es la que mejor refleja ese estado del que hablas, por eso llamé a este escrito asÃ. Podemos escribir en blogs, dar charlas, ir a manifestaciones, organizar campañas… pero mientras ellos siguen muriendo. Uno trata de ser feliz en el dÃa a dÃa, pero la realidad a veces se impone en toda su crudeza. En fin, nadie dijo que esto fuera fácil. Un abrazo.
Voluntad De Acero on September 20th, 2009
Yo de primeras ni siquiera habrÃa oonsumido nada en un local donde tienen animales vivos muriendo lentamente, ni siquiera voy a los que tienen piernas de cerdos secas expuestas colgando casi encima de ti (como si esto fuera una “decoración” agradable y saludable).
Pensar y ACTUAR más allá de nuestras propias narices humanas es algo incómodo para un vulgar ser humano que se limita a consumir cualquier producto final innecesario de la crueldad de principio a fin.
Las excusas facilonas de todo tipo son el recurso y el “argumento” más accesible en un sistema donde los productos de la crueldad con otros animales (y muchas ocasiones también con los propios humanos) están accesibles en cualquier esquina, casis siempre con un aspecto pulcro y disimulado que no hagan pensar.
Casi todos los productos tienen términos eufemistas que faciliten el marketing, de ahi que “asesinato” será visto como una “exageración”.
Dhyan on September 21st, 2009
Hola, Voluntad. Entiendo lo que dices, cuando vi a aquel ser muriendo lentamente también pensé en salir del local. Pero en ese momento mi pareja estaba ya pidiendo los cafés, y por otro lado estaba barajando la posibilidad de hacer algo (aunque al final no lo hice), por eso me quedé.
Si pudiera no entrarÃa a ningún local donde vendan restos de animales, pero como sabes, eso supondrÃa que sólo podrÃa entrar en 2 ó 3 locales en toda España.
Del lenguaje ya hemos hablado mucho en este blog, y es curioso ver cómo se destinan a los demás animales otros términos distintos, como “sacrificio” en vez de “asesinato”, “carne” en lugar de “cadáveres”, y un largo etc. Aparte de la forma en cómo los designamos a ellos, que ya está ampliamente debatido en otro post y por tanto no voy a comentar aquÃ, hay otro montón de términos que cambiar para ir transformando poco a poco la realidad. Y es curioso ver cómo, cuando los usamos, por ejemplo en este mismo blog el personal especista nos llama exagerados (“ya estáis hablando de asesinatos y todo eso”). Supongo que eso quiere decir que vamos por el buen camino.
Un saludo.
Voluntad De Acero on September 21st, 2009
Vender restos de animales es una cosa, nada positiva, pero de ahà a toparte con un local con una exposición más que notable de esos restos es otra, y para ello, te aseguro que no son sólo 2 ni 3 locales a los que puedes entrar en la mayorÃa de las ciudades, e incluso pueblos.
Voluntad De Acero on September 21st, 2009
Al menos podÃas reirte a la cara, cosa que no harás jamás, como es habitual.
Dhyan on September 21st, 2009
Gracias por tu apoyo, Voluntad. Imaginaba que si publicaba esto podrÃa recibir reproches, y no me equivocaba. Aún asà querÃa contar esta historia. Siento que tú sólo te fijes en mi comportamiento “correcto” de vegano, y no en el fondo de la historia. Que yo hubiera tomado el café allà o no, no habrÃa evitado la muerte de ese ser. Por supuesto no suelo entrar en bares que exhiben marisco en peceras o patas de cerdo, pero ese no era de ese tipo, por eso la escena era tan surrealista como inesperada.
Por cierto, no os molestéis en contestar a los comentarios que insultan, recibimos cada dÃa varios y por supuesto se borran como spam.
Un saludo
Oscar Horta on September 25th, 2009
Gracias por esta entrada!
Ay, Dhyan, pues quizás la historia haya tenido un final aun más terrible…
Aunque no se mueva, una langosta puede vivir fuera del agua bastante tiempo. Y normalmente, prefieren cocinarlas vivas.
¿Me dejáis que os cuente algo también autobiográfico? No sé cuántos años tendrÃa, pero de niño decidà no volver a comer jamás “mariscos” al ver como cocÃan vivos a las nécoras . No sé si lo habéis visto alguna vez. O, más bien, si lo habéis oÃdo. Se oye un tac-tac-tac terrorÃfico, desesperante… es el golpeteo que hacen contra la olla al querer huir del agua ardiendo. Pero sólo dura un tiempo, pasado un rato desaparece. Y ya sólo se oye el sonido del hervor.
No hice, sin embargo, la conexión, y hasta unos diez años después no dejé de comer otros animales.
¿Cómo pudo ser? Parte del camino estaba hecho, pero el resto quedó sin recorrer.
Dhyan on September 28th, 2009
Gracias Oscar, por tu historia. Nunca he escuchado ese sonido de unos seres luchando desesperadamente por su vida.
Me entristece mucho lo que dices, al saber que la langosta estaba aún viva aunque no se moviese. No sé de todas formas si pueden vivir en agua no salada y cuánto tiempo. Otro animal al que no pude salvar. Pero la única forma de salvarlos a todos es recorriendo ese camino del que hablas, y dejando de comer animales. Cada vez somos más quienes lo hacemos, por lo que ese camino se está recorriendo. Un saludo.
sion on November 2nd, 2009
Yo tambien he dejado de comerme los animales. Me he dado cuenta del maltrato a que están sometidos a los 46 años gracias a internet. cuanta crueldad hay en este negocio. ahora no soy tan feliz, sufro mucho pero no doy marcha atras. Hasta el último dÃa de mi vida los defenderé. Simplemente, porque son indefensos
sion on November 2nd, 2009
Dhyan, quiero decirte
que me gustas mucho
Dhyan on November 3rd, 2009
Hola sion, gracias por tu comentario. ¿Por qué mencionas que no eres tan feliz y sufres mucho?
Un saludo
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Macarena on September 17th, 2009
Decidà de pronto comprarla para liberarla,
Yo ésto lo hacÃa cuando era ecologista con los ratones albinos(de laboratorio),entonces no se estilaba adoptar ratones txinos,albinos,etcAhora sÃ,pero paso de hacerlo no sólo porque no esten enjaulados,.sino para llevarle la contraria a Gary Corleone..En Vegania hay langostas veganas.