Activismo en el SXXI – La Discriminación

No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que es el amo de la casa. [...] Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres. [...] En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales [...] Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer [...]”

Estas frases se redactaron hace sólo 50 años y están extraídas de textos de la llamada “Sección Femenina”, o cómo se supone debía comportarse una mujer española con su marido durante el franquismo. En aquella época, el problema principal no era que las mujeres fueran maltratadas, asesinadas o torturadas. Se respetaba el derecho a la vida y a la integridad física de las mujeres.

El problema era que no podían decidir por sí mismas; el hecho de haber nacido con un sexo o con otro te daba derecho a decidir sobre tu propia vida, o te lo quitaba y decidían por ti.  Buscando entre los libros de historia podríamos sin duda encontrar textos similares acerca de cómo las personas que pertenecían a otras razas debían someterse a los deseos de quienes pertenecen a otra raza “superior”.

Lo que es común al racismo y al sexismo es una discriminación arbitraria que el sexo dominante o la raza dominante justificaban teóricamente para explicar lo que ya existía en la práctica: una discriminación que simple y llanamente servía para mantener en el poder a los dominadores.

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