Los Reyes Magos de Oriente

En algún lugar muy lejano, más concretamente allá por el Lejano Oriente, había unos reyes a los que llamaban los Reyes Magos. Los Reyes Magos eran tres y tres veces mágicos, sabios y dadivosos. Los Tres Reyes de Oriente iban por todo el mundo repartiendo sus regalos a todos los niños que lo necesitaban. Aquella noche del 6 de enero iba a ser una noche muy ajetreada, porque el número de niños con necesidades es enorme… y, en realidad, ¿alguien ha visto un niño que no necesite nada?

En aquella tienda de un campo de refugiados de cuyo nombre no quiero acordarme, el papá y la mamá trataban de hacer lo posible para conseguir comida para sus hijos, pero no era fácil. La prole – dos niñas y un niño -  vivían muy alejados del bonito mundo rosa de consumo que se presenta en las televisiones. No tenían juguetes más que algunos muñecos de trapo, por supuesto no había videojuegos ni teléfonos móviles ni nada relacionado con la tecnología, en un mundo donde el camino a la escuela era jugarse la vida entre el peligro de las minas antipersona y los bombardeos que se sucedían día sí día no.

Al Rey Baltasar le tocó en esta ocasión atender los regalos de aquellos niños. Con movimientos lentos pero armoniosos penetró en el humilde recinto donde dormían los cinco miembros de la familia. Consultó su lista para ver qué regalos habían pedido: no siempre todo se podía cumplir, pero se hacía lo que se podía. La hija mayor, de 13 años y que ya sentía las punzadas de la adolescencia, había pedido una túnica nueva de brillantes colores para reemplazar a la que tenía, que con los años además de quedarle pequeña se había convertido en un manto sucio de color indefinido. El hijo mediano, de 9 años, quería unos zapatos nuevos, los que tenía estaban llenos de agujeros y era lo mismo que caminar descalzo. Baltasar sonreía, aquellos niños no conocían más que el mundo que vivían y sus deseos eran tan humildes como sus propias vidas, como si tuvieran miedo de que pidiendo demasiado alguien los castigara y se quedaran sin nada.

Pero al llegar al regalo de la hija pequeña, de 7 años, el rostro de Baltasar se arrugó (más aún de lo que ya estaba) y se quedó durante algunos segundos mirando al vacío. La niña tenía hambre, y había pedido comer cordero. Manifestaba que solo había podido comerlo una vez en su vida, pero como eran pobres aquella comilona no había vuelto a repetirse.

Baltasar llamó a los otros dos reyes, pues no tenía muy claro cómo solucionar aquella extraña situación. Melchor y Gaspar aparecieron como por arte de magia junto al atribulado Baltasar, y tras conocer la petición de la niña, estuvieron debatiendo durante algún rato. No podían denegar el regalo porque sí, y tampoco era fácil explicar a una niña de 7 años por qué no podían concederle su petición. Así que finalmente decidieron que la mejor forma de que lo comprendiera, era poniendo a la niña en el lugar del “regalo” que había pedido. Satisfechos por su decisión, salieron de allí tan inopinadamente como habían entrado: ¡quedaban aún muchos niños por atender!

A la mañana siguiente, los niños se despertaron casi al unísono y corrieron a ver si estaban los regalos. La túnica de la hija mayor estaba allí brillante y hermosa, quizá no tan glamourosa como la había imaginado pero los reyes magos al fin y al cabo no entienden demasiado de modas. El niño mediano no podía creerse ver unos zapatos nuevos junto a su ropa. Después los tres fueron a ver el regalo de la pequeña. Se encontraron con un enorme pastel de dátiles. Los niños, que llevaban días sin comer en condiciones, se abalanzaron sobre el pastel y empezaron a engullirlo encantados. Al cabo de algunos minutos y cuando el pastel ya andaba por la mitad, el hermano mediano dijo con la boca llena: “Cómo me alegro de que hayas pedido comida a los Reyes Magos, hermanita. ¡Está buenísimo!” Y la hermana mayor añadió “¡Yo también! Pero… un momento, ¿no les habías pedido un cordero?” “¡Es verdad!” coreó el hermano mediano.

La hermanita pequeña de pronto dejó de comer y puso cara triste. “He tenido un sueño muy triste” afirmó. Los hermanos mayores se quedaron mirándola (el mediano sin dejar de comer), así que la pequeña prosiguió. “soñé que vivía en un establo. Todo estaba sucio y olía mal. Pero allí estaba mi mamá, hermosa y buena, una oveja grande y guapa”.

“¿Cómo que tu mamá era una oveja? Entonces tú…”

“Yo era un corderito que correteaba por aquel pequeño establo, tratando de jugar, quería salir a correr pero la puerta estaba cerrada. Aquel lugar no me gustaba, pero mi mamá me cuidaba y protegía”.

“¿Y qué pasó?” inquirió la hermana mayor.

“Llegaron unos niños y yo corrí para jugar con ellos. Pero los niños no me hacían caso. De pronto apareció un señor con un cuchillo. Yo empecé a tener mucho miedo. El señor me asió con fuerza y me puso sobre una mesa boca arriba de un golpe que me dolió mucho. Mi madre balaba a lo lejos, pero no podía ayudarme. Yo intentaba salir de allí como podía, pero me tenía agarrado con fuerza, no podía escapar. De pronto el señor cogió su cuchillo y lo levantó sobre mi…. ahí desperté”, terminó su relato la niña mientras comenzaba a llorar. “¡No quiero volver a comerme un corderito!” concluyó entre sollozos.

Los hermanos mayores miraban a la pequeña sin saber qué decir. Escondido en algún lugar, Baltasar contemplaba la escena sonriendo. Había cumplido bien con su cometido. El regalo original de aquella niña… implicaba la muerte de otro niño. Y el código ético de los Reyes Magos impedía que los deseos de un niño supusiera daños a otros. Ella no lo sabía cuando lo pidió, pero ahora había comprendido.

Baltasar se alejó de la escena y volvió al trabajo. La noche de los niños humanos había pasado, pero quedaban otras muchas noches para los niños de todas las demás especies… y, normalmente, sus deseos eran mucho más difíciles de cumplir.

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11 Comments

Mari Vi  on January 5th, 2011

Yo he llegado a ser quien soy, a ser como soy ahora por un sueño similar. Me puse en la piel de ellos. Senti y viví el sufrimiento, el miedo y la desesperación que padecen y sienten ellos… Y sé, que aunque no es comparable mi situación a la de ellos. Sí puedo decir,que lucho, porque sea incluso mejor que la mía.
Lo sueños se hacen realidad, yo lo sé, me pasó…

Muy bonito, ójala que todos tengamos el mismo sueño, vivir y sentir esa misma experiencia, y nos demos cuenta entonces, que los sueños no son diferentes a la realidad…

Saludos.

Vicen.-

Rafael Boró  on January 5th, 2011

Gracias Vicen. Ojalá tuviéramos los poderes de los Reyes Magos para imbuír sueños en las personas, y conseguir que se pongan en el lugar de aquellos que consideran su comida. En todo caso parece que algún poder tienen, porque con algunas personas como tú lo han conseguido :)

Un saludo y que los magos reales se porten bien contigo! :)

Mari Vi  on January 5th, 2011

Será, que los reyes magos viven dentro de mí, porque se portan comingo geniales todo el año…

Ídem que ídem.

armsandcookies  on January 5th, 2011

Para variar me identifico mucho con tus posts, en concreto este por las fechas… nuestro entorno directo en la sociedad en la que nos movemos puede que nos haga mas dificil la mision de concienciar por los excesos que “disfrutamos” mas que por las necesidades…. yo soy el sueño y mi sobrina esta muy atenta… seguiremos informando…. y que tengas/tengais un gran ‘11!

Rafael Boró  on January 5th, 2011

gracias armsand, igualmente para ti… y no defraudes a tu sobrina! ;)

Olaia Freiría  on January 5th, 2011

Enhorabuena Dhyan, precioso y triste cuento. Ojalá se cumplan algún día los deseos de esos otro niños!

David Herrero  on January 5th, 2011

Muy buen post, Dhyan!

En estas fechas en las que tanto se habla de solidaridad millones de animales continúan en su infierno cotidiano.
En estas fechas tan entrañables, mientras en la mayorías de las casas disfrutan de una cena en familia, en otros muchísimos lugares las madres son separadas de sus hijos, el sufrimiento toma el papel protagonista y el matadero acaba siendo la única salida a esa vida llena de dolor y angustia.

Irina Bunina  on January 6th, 2011

Muy bueno el cuento y como todos los cuentos nos enseña tanto!!! Yo nunca he soñado con algo parecido, pero, desgraciadamente,de niña había visto y había oido desde el patio de la casa del pueblo las matanzas de cerdos, de gallinas, de terneros. En aquellos momentos solo tapas los oidos y cierras los ojos – y los mayores luego te ponen la carne y la comes sin ganas, solo porque hay que comer la comida… Pero ya hace tiempo que no lo hago – que alivio no tener que comer algo que nunca te ha gustado realmente!

Rafael Boró  on January 6th, 2011

Gracias, Olaia y David.

Gracias también Irina, efectivamente es un alivio. Sobre todo para los que no tendrán que morir por ti!

Carles Marco Morellón  on January 12th, 2011

Genial Dhyan, muchas gracias. Este cuento debiera ser leido a muchos niños y se despertarían muchas pequeñas conciencias. Yo lo haré con los míos, aunque no lo necesiten (la tienen ya muy despierta en este sentido), y lo haré porqué además me parece un relato muy bien razonado y bonito. Con tu permiso lo enlazo en mi facebook.

Un abrazo y feliz año!

Dhyan  on January 12th, 2011

Gracias por tus palabras Carles. Efectivamente, se recomienda y se solicita encarecidamente la difusión de este cuento entre humanos menores de 12 años!

Un saludo y feliz año nuevo a ti también!

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