Mi primera vez

Descubrir cosas por primera vez puede tener efectos devastadores sobre aquello que creíamos o ignorábamos. Mi primera vez resultó una suma de complejidades que aún me están construyendo como individua y fue cuando, en vez de un amasijo de “algoâ€, descubrí un trozo de alguien en mi plato, una enorme lengua de ternera que se suponía que yo debía meter sobre la mía, y masticar.

Yo tendría unos ocho años, la ternera no lo sé pero, por lo que he sabido después, seguramente era más criatura que yo, o igual pertenecía a una vaca que ya no daba suficiente leche como para ser económicamente rentable para su explotador, y era mayor que yo. La verdad es que no me importa la edad que tuviese, sí me importa la finalidad con la que la hicieron nacer: usarla, explotarla y matarla. Nadie tuvo nunca en cuenta lo que ella quiso.

Aún hoy en día puedo visualizar su lengua y siento aquello como un acto de canibalismo, donde se juntan dos lenguas similares y se educa el gusto por la muerte (de los otros) a través de la repetición de la frase: “come, que está buenoâ€, de la mezcla de nuestra saliva con sus jugos, de la transmisión de ideas sin permitir la inclusión de un solo pensamiento crítico ni en quien las recita con constancia ni en quien las recibe ya gastadas por repetidas, de la masticación de sus tejidos hasta la conversión de alguien en sucedáneo de algo, de la transmisión de cultura y tradiciones de una generación a otra por jerarquía de edad y obediencia a la autoridad paterno-materna, grupal o social, de la metástasis de sus células con las propias sin que la decisión propia e individual juegue ningún papel relevante, igual que se heredan los marcadores genéticos del cáncer: sin proponérnoslo, porque nos ha tocado…

Entonces, ¿cómo podemos saber que se pueden hacer o comer otras cosas si no lo experimentamos ni nadie nos lo muestra? Pues en mi caso fue porque reconocí a alguien o, mejor dicho, a un trozo de alguien y en aquel momento la realidad se me “reveló†como una anunciación de muerte, sólo veía una lengua arrancada y no me la quería comer. Fui consciente de que comíamos muerte y me asustó, por la suya y por la mía porque… ¿Si podían arrancarle la lengua a ella, podían arrancármela a mí?, ¿Si comía muertos… criaría la muerte en mí cumpliéndose la frase “de lo que se come se cría�, ¿Tenían los “mayores†siempre razón cuando decían esta frase o la de “come, que está bueno�, y si no la tenían… ¿Cómo saber cuándo hacer caso de lo que me dijeran los “mayores†o “la autoridad†y cuándo no? ¿Tenía que decidir yo? ¿Podía hacerlo? Y sin respuestas, se me acumulaban más preguntas…

Mi familia, de origen más bien cutre (o sea: ni nobles vividores, ni burgueses explotadores, ni banqueros usureros, ni políticos corruptos, ni tan solo explotados asalariados con nómina) ha sufrido lo que irónicamente hemos convenido familiarmente en llamar “el síndrome del hambre histórica heredada†que consiste en que, generaciones y generaciones de gente mal nutrida, desnutrida o directamente muerta de hambre, han marcado sus hábitos culturales a la hora de sentarse a la mesa bajo el lema de: “la comida no se tira y, si no te gusta lo que hay, haber nacido en casa rica, que tu padre no es ministroâ€.

Había también otra premisa (fruto de la socialización gastronómica que permiten los informativos de televisión a la hora de las comidas, y que es exclusivamente “humanitaria†con los humanos) que seguía al otro lema y decía: “¿Ves? los niños de Ãfrica se mueren de hambre ¿Te vas a quejar tú de tener comida en el plato?â€.

Así, me sentía como la princesa del guisante (sin colchón), familiar de supervivientes a los que la proteína de origen animal que no procediese de la zona del mercado de los despojos les era más extraña e inhabitual que la vegetal (como a todos los pobres, por cierto), no quería comerme a nadie y, encima, me quejaba cuando mis congéneres africanos famélicos, en forma de niño-hermano-televisivo, estaban muriéndose de hambre…

Y un día decidí que no quería ni comer ni competir ni casi nada sin ser consciente de lo que significaba para mí y para otros, que quería ser responsable de mis decisiones y actos, y me propuse hacer cosas que no dañaran a nadie en la medida de mis posibilidades y habilidades.

Así que dejé de culpar a papá y mamá por decidir por mí lo que ellos con su criterio consideraron mejor para mí, deje de culpar al comedor del colegio por obligarme a comer su carne de pollo o de pescado que era, a veces, lo único que comerían mis compañeros aquel día y que extrañamente no eran africanos, pero sí gitanos o payos más empobrecidos que mis genes, mi familia y yo, y que me hizo descubrir el cuarto mundo y el tercero casi a la vez, y entender que todo es lo mismo y tiene mecanismos de exclusión idénticos: el egoísmo y la discriminación.

Así, ahora, cuando alguien me dice que comer vegano es cosa de pijos que consiguen la proteína vegetal en tiendas carísimas y especializadas, me parto de risa recordando mis orígenes genético-famélicos y que el grueso de la población humana de esclavos blancos y negros, de currantes y supervivientes ha sobrevivido con más garbanzos y trigo y maíz y arroz que con entrecots… y pienso: ¿Será que quien dice eso es un familiar lejano heredero del “síndrome†que aún cree que papá y mamá o la educación recibida obligan a rebañar el plato?

Y me brindo para ser su “primera vezâ€, sabiendo que descubrirle esas cosas puede tener efectos devastadores sobre aquello que creía o ignoraba. Porque haber nacido vaca, o pobre, o negra, o… no es una cosa que hayamos podido escoger. Y no deberíamos pagar por ello con nuestra vida.

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3 Comments

omnivoro  on June 15th, 2011

veganos largaos del planeta tierra sois enemigos de la raza humana , que mira que hay que ser tonto para ser humano y decir que somos lo mismo que una cucaracha o una rata

Ara  on June 15th, 2011

Hola omnivoro! Es una de las opciones que barajamos, si te animas a financiarnos el viaje te estaremos tontamente agradecidxs.
Saludos!

Sandra  on June 22nd, 2011

Omnivoro, no se puede ser una persona tan intransigente y tan intolerante.
Cada cual defiende sus creencias y su modo de vida y tenemos total derecho a expresar lo que sentimos como cualquier otra persona.
No pedimos que nos apoyes solo pedimos comprensión y respeto al igual que respetamos a las personas de diferentes culturas o religiones también debemos aceptar y respetar a las personas que muestran diferentes tipos de conductas alimenticias.

En ningún momento se ha criticado a las personas que comen carne o algún derivado animal, solo expresamos nuestra manera de vivir y de pensar, sino la compartes y no te interesa, no leas el blog, nadie te obliga a ello. Pero si lo lees por favor no muestres tu intolerancia hacia lo distinto.

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